Meandros - Jorge Ader

Estas páginas atestiguan una vida. No evocan con nostalgia lo vivido. Lo exploran, lo indagan; interrogan la experiencia lograda en el transcurso de los años. Ponderan su consistencia. Siempre he pensado que no se escribe, cuando de veras se escribe, para decir lo que se sabe sino para llegar a saber qué se quiere decir. Así lo es en el caso de Jorge Ader. Su palabra, a medida que se despliega, va en busca del sentido posible (o del misterio posible), que encierra lo que le fue deparando el tiempo en términos de aprendizaje, más que en su transcurso meramente cronológico. Por lo demás, Jorge Ader es un hombre al que la intensidad de los días le importa más que su mera acumulación. Quien sepa leer lo que aquí se dice, no tardará en advertir que está ante la presencia de un hombre que no ha sido devorado por la costumbre de vivir, ni por la jactancia del éxito. Menos aún por la presunción de creer que su testimonio guarda el valor de un hecho ejemplar. A medida que el relato va ganando forma y se despliega, Jorge Ader se va dando a conocer como una sensibilidad en busca de sí misma antes que como una evidencia consumada. Quiere compartir y no enseñar. Quiere entender y no explicar. ¿Cómo no reconocer entonces, al leerlo, que la suya es una palabra auténtica, frontal, dispuesta al diálogo?
Santiago Kovadloff


 

 Los diarios de Adán y Eva - Mark Twain

Lunes.- Este animal nuevo, de larga cabellera, está resultando muy entrometido. Siempre merodea en torno mío y me sigue a donde voy. Esto me desagrada; no estoy acostumbrado a tener compañía. Debería quedarse con los demás animales. El día está nuboso y sopla viento del Este; creo que tendremos lluvia. ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde he sacado yo esto de nosotros? Ya caigo. Así es como habla el animal nuevo.

Martes.- Estuve contemplando la caída grande de agua. Para mí, es lo mejor que hay en este lugar. El animal nuevo la llama Catarata del Niágara. No entiendo por qué. Dice que da la impresión de ser las Cataratas del Niágara. Esto no es una razón, sino simple capricho y tontería. Yo no tengo oportunidad de poner nombre a ninguna cosa. Sin darme tiempo a protestar, el animal nuevo va poniendo nombre a cuanto se alza ante nosotros.

Y siempre alega idéntica excusa: que da la impresión de que fuera eso. Pongamos el caso del dido. Asegura que basta echarle una mirada, para darse cuenta de que da la impresión de un dido. No me cabe duda de que tendrá que quedarse con ese nombre. Me molesta tener que preocuparme por estas cosas, y, por otro lado, no tiene sentido. ¡Dido! Da la misma impresión que yo de ser un dido.

Miércoles.- Me construí un cobijo para defenderme de la lluvia, pero no hubo modo de que lo disfrutase yo solo y en paz. Se metió el animal nuevo, y ante mis intentos de expulsarlo de allí, empezó a derramar agua por los agujeros que le sirven para mirar, y luego se los secó con el revés de sus garras, y dejó oír un ruido semejante al que hacen los demás animales cuando sufren. ¡Si no hablase! Porque siempre está hablando. Esto suena a menosprecio de este pobre animal, a difamación; pero mi intención no es esa. Hasta ahora no había oído yo la voz humana, y cualquier sonido nuevo y extraño que rompe el silencio de estas ensoñadoras soledades me hiere el oído y me suena como una discordancia. Además, este sonido nuevo suena muy próximo a mí; junto a mi mismo hombro, junto a mi oreja, de un lado y del otro, y yo estoy acostumbrado únicamente a sonidos más o menos alejados de mí.


 

 Nueve ojos, muchas patas - Adriana Cafferata

Al final de una playa, en la punta de un faro, había un cangrejo.
El cangrejo Timoteo y sus amigos jugaban en el faro con un catalejo.
¿Sabes para qué sirve un catalejo? Sirve para mirar lejos, muy lejos.
Timoteo gritaba
-¡A ver quién encuentra una gaviota! Y todos se amontonaban a mirar.
Pero de pronto, vieron algo que se acercaba cada vez más.
Lo primero que vieron fue esto. Luego vieron esto. ¿Ya descubriste qué es?
¡Después vieron esto!
¡UN BARCO PIRATA!
¡Nos van a comer en cazuela de mariscos!
¡Qué miedo!
Entonces enfocaron adentro del barco y vieron que había un solo pirata.
¿A que no sabes quién era?
¡El pirata METEPATA!


 

 El Piano de Chopin - Zelmar Acevedo Diaz

Con un enfoque vertiginoso, que no le pide nada a convenciones de género, Zelmar Acevedo Díaz se interna en una empresa tan desmesurada como lo que la desencadena la guerra, ya mítica, de la llamada Triple Alianza con el Paraguay. No rinde homenaje a los terribles hechos históricos que hicieron la desgracia de ese país sino que los transforma por la gracia de una prosa por momentos lírica, siempre acechante, que suspende la respiración y parece no tener fin.
El Paraguay que está ahí, cerca de los argentinos y correlativamente lejos, es vivido como un enigma, incluso para los paraguayos; uno de ellos, Augusto Roa Bastos, indagó en él sacando del discutido Francia y sus excesos, una materia vibrante y significativa; ahora un argentino, Zelmar Acevedo Díaz, se acerca entrando en otro momento de su historia con un lenguaje igualmente rico, como si respondiera al poder convocante de ?la realidad Paraguay?, compuesta de orgullo y desdicha. Ejércitos delirantes, mujeres implantadas como flores exóticas, una guerra interminable y horriblemente sangrienta y, como si añadiera un toque de locura a una realidad enloquecida, un piano que suena recordando quizás su linaje en la cuasi selva en la que todo muere, desatado por quién sabe qué otra locura territorial.
No se trata de una novela histórica, convencional por definición, sino de un gran relato de múltiples planos, una especie de ?sin aliento? que lleva a transcurrir por esas páginas de las que brotan fantasmas, seres que conforman su drama, una especie de sin destino tan atrayente como abrupto, orgullo y coraje, pasión y conciencia, desafío que parece incomprensible y que, sin más, genera escritura del más alto nivel.


 

 El Principito - Antoine de Saint-Exupéry

Novelista y aviador francés; sus experiencias como piloto fueron a menudo su fuente de inspiración. Tercero de los cinco hijos de una familia de la aristocracia su padre tenía el título de vizconde, vivió una infancia feliz en las propiedades familiares, aunque perdió a su progenitor a la edad de cuatro años. Estuvo muy ligado a su madre, cuya sensibilidad y cultura lo marcaron profundamente, y con la que mantuvo una voluminosa correspondencia durante toda su vida. Vivió a caballo de sus dos pasiones, volar y escribir.
En 1926 publica El aviador (L'aviateur), luego Correo del Sur (Courrier du Sud) en 1928, Vuelo nocturno (Vol de Nuit), 1931, Tierra de hombres (Terre des Hommes), 1939 Piloto de guerra (Pilote de Guerre), 1942 Carta a un rehén (Letter to a Hostage), 1944 El principito (Le Petit Prince), 1943 Ciudadela (Citadelle), 1948.
(Lettres de jeunesse), 1953 (Carnets), 1953 (Lettres à sa mère), 1955 (Écrits de guerre), 1982 (Manon, danseuse), 2007 (Lettres à l'inconnue), 2008


 

 El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hide - Robert Louis Stevenson

Utterson, el notario, era un hombre de cara arrugada, jamás iluminada por una sonrisa. De conversación escasa, fría y empachada, retraído en sus sentimientos, era alto, flaco, gris, serio y, sin embargo, de alguna forma, amable. En las comidas con los amigos, cuando el vino era de su gusto, sus ojos traslucían algo eminentemente humano; algo, sin embargo, que no llegaba nunca a traducirse en palabras, pero que tampoco se quedaba en los mudos símbolos de la sobremesa, manifestándose, sobre todo, a menudo y claramente, en los actos de su vida. Era austero consigo mismo: bebía ginebra, cuando estaba solo, para atemperar su tendencia a los buenos vinos, y, aunque le gustase el teatro, hacía veinte años que no pisaba uno. Sin embargo, era de una probada tolerancia con los demás, considerando a veces con estupor, casi con envidia, la fuerte presión de los espíritus vitalistas que lo llevaba a alejarse del recto camino. Por esto, en cualquier situación extrema, se inclinaba más a socorrer que a reprobar. ??? Respeto la herejía de Caín ??? decía con agudeza ??? . Dejo que mi hermano se vaya al diablo como crea más oportuno. Por este temperamento, a menudo solía ser el último conocido estimable, la última influencia saludable en la vida de los hombres encaminados cuesta abajo; y en sus relaciones con éstos, mientras duraban las mismas, procuraba mostrarse mínimamente cambiado.


 

 Terminal - Noé Jitrik

Pocas posibilidades hay para quien huye. La ciudad que parece permitirlo somete a los personajes a curiosas distracciones que más se parecen a evasivas sombras que a peripecias que deben afrontar. Entre esas sombras, que discurren y entretejen respuestas evasivas, transcurre una especie de viaje durante el cual la angustia a su vez se distrae en observaciones que recurren a un lenguaje irónico, no tan secreta burla a relatos que toman excesivamente en serio la verosimilitud. De ahí que haya sorpresivos vaivenes en esta novela, transformaciones que implican olvidos de lo inmediato y evocaciones antiguas que, aparentemente, poco tienen que ver con un punto de partida. La ciudad está presente, ciertos ambientes la caracterizan, una amenazante circularidad detiene la peripecia y convierte lo que amenazaba con ser un relato policial en una aventura de la mirada y del lenguaje. Y el texto convoca a un ir y volver, de la costumbre de la guración a la sorpresa de la imagen, como si la poesía respaldara un juicio sobre lo real que se resiste a la vociferación. Nada parecido hay en la novela actual y, en consecuencia, se podría legítimamente preguntar si es una novela o un tardío renacimiento de una vanguardia que pone en cuestión sus propios principios.


 

 Morir en carnaval - Mirta Travers

Federico Argüello es un inspector de la policía con ciertos privilegios. Una mañana, una mujer muy joven se acerca a la seccional pidiendo la reapertura de un caso ocurrido diez años atrás: el asesinato de su padre en la noche de carnaval. Argüello duda en tomar el caso, pero luego se involucra tanto que su superior amenaza con sacarlo de la investigación. Con su compañero, el oficial Rodríguez, que es un solitario como él, sacarán a la luz lo ocurrido durante la tormentosa noche del crimen.
Nadie hubiera podido imaginar que en la colorida y festiva noche de carnaval aparecería el cuerpo de un hombre vestido de blanco contrastando con el charco rojo de su propia sangre. Argüello no sospecha las incógnitas que le presentará el asesinato ni los crímenes que deberá resolver a partir de ese momento enfrentando diversas presiones.
A pesar de los reiterados fracasos sentimentales, el inspector intentará acercarse a una atractiva periodista de policiales que tendría información sobre el hecho.
La novela Morir en carnaval desafía al lector con una trama de densidad psicológica que esconde viejos secretos familiares.


 

 Vestigios y otros relatos - Ivan Chambouleyron

No es solo el valor de recuerdos lo que dirige estas narraciones sino la entonación que les da una forma persuasiva, convincente. El recuerdo convocado es ordenado emocionalmente, con un ejemplar respeto por lo que evoca y hace imaginar.
De ahí la entidad e identidad de estos relatos, en un modo de narrar que escapa de convencionalismos y de crispaciones narrativas.

Noé Jitrik


En la obra Vestigios y otros relatos, los personajes imaginados por Ivan Chambouleyron atraviesan fronteras y temporalidades para explotar los territorios perdidos que aún residen en la memoria. El movimiento de las voces narrativas, sostenidas por un registro que combina las desoladoras experiencias del presente, el sueño imaginario de un pasado asediado por la molienda del olvido y los fantasmas de una sensibilidad inerme y absorta, se despliegan en un conjunto en el que es notable el poder de la invención y la manera lúcida de nombrar la inestable realidad y sus entornos.

Roberto Ferro


 

 Acerca de esas liebres - César Fernando Díaz

Sueño que me despierto con palpitaciones.
Tengo algo en la boca. En la garganta. Algo que
se mueve. Un bicho. Lo empujo con la lengua y
se agarra con unas patas secas y con pinches.
Me meto la mano y saco una cucaracha enorme
que enseguida empieza a correr por el piso.
Vomito. Tengo arcadas toda la noche. Ya no
puedo dormir.
Me preguntan qué me pasa. Miento. Nunca
podré saber si ella estaba entrando. O si estaba
saliendo.


 

 Cánticos absueltos - Hugo Rossi

término

no hay otras razones que tus labios
te arrastro como una campana por las dunas
resistiendo la soledad en pozos de augurios opacados
yace la ciudadela inundada de oleajes del acaso
donde quisieron olvidarte las disipadas deidades
cuyas gracias habías guarecido
al nal de la dulzura de los ruiseñores
no quedan perfumes de la predestinación
todavía tu más allá nos devuelve
los murmullos con que tus besos de ámbar
sellaron el oscuro pórtico de nuestra perpetuidad


 

 El pantano - Colección "El vellocino de oro" - Gustavo Ponce

El pantano es una pintura de impresionante realismo de cómo debe de haber sido la vida en Buenos Aires en tiempos de la colonia, hacia fines del siglo XVIII. Con sus olores nauseabundos, sus calles barrosas, su medicina brutal y su crueldad terrible. Justamente, uno de los ejes del relato es la creación de una casa para niños expósitos que, abandonados en la calle, mueren de frío o son devorados por perros y chanchos cimarrones.
La novela sigue las tristes y viles andanzas de don Juan Francisco de Suero, ex Tasador General de Costas, súbdito de España y poblador de Santa María de los Buenos Ayres. Personaje envidioso, por momentos patético y en otros, maligno; un ex funcionario que busca de todas las formas posibles recuperar su puesto burocrático y el respeto de sus vecinos.
Es llamativa la lograda composición de una lengua arcaica y la impecable reconstrucción de la época, tan verosímil que la lectura produce un efecto de visibilidad casi cinematográfico.
El pantano obtuvo el Primer Premio Municipal de Novela 2014 en el Concurso Anual de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Carlos Chernov


 

 Los borradores de Macedonio (Una casi novela sin final) - Colección "El vellocino de oro" - Roberto Ferro

Henry James, que yo recuerde, y Juan Rulfo, convocaban a fantasmas para componer relatos llenos de ecos, voces tenues que se entrecruzaban y borraban límites de todo tipo: entre realidad y sombras, entre afirmación y conjetura, entre movimiento y detención. También, a su manera, lo hizo Onetti, más bien con los sueños, pero Ferro, en esta novela, en la que se pueden percibir ecos, sobre todo de Onetti y de Cortázar, lejanos y tenues, convoca a sombras que contribuyen a resolver un enigma totalmente bizarro y encantador: la voz perdida de otro fantasma, Macedonio Fernández.
Ferro la subtitula ?casi? novela, tal vez porque no omite una historia, la suya propia, de investigador, o si se quiere, de crítico literario que se anima a construir una narración en la que la sabiduría compite con el interés por situaciones y personajes reclutados en el acervo de la mejor novela argentina.
Originalidad absoluta: un narrador, que no renuncia a su interés de crítico, persigue una verificación que concierne a un escritor que en sí mismo y en su obra es fluyente y exquisito. La búsqueda lo lleva a personajes y lugares que dibuja con una precisión sin desmayo, desfile de fantasmas que traen cada uno historias relacionadas no solo con esa búsqueda sino con experiencias literariamente tan atractivas como pudieron serlo los aguafuertes de Roberto Arlt: ese centro de Buenos Aires, mágico y peculiar, lleno a su vez de ecos de proezas canallas y proyectos inverosímiles, semillero de seres que le dieron a esta ciudad una fisonomía única.
Macedonio, mito viviente de una literatura viva, tiene en esta ?casi? novela una resurrección impensada, en un suspenso narrativo de una maestría sin igual.
Noé Jitrik


 

 La reencarnación de Buda en Jonte y Lope de Vega - Colección "El vellocino de oro" - Miguel Ortemberg

En la serena quietud del Monte Meru, un maestro y su discípulo meditan mientras preparan su viaje a una tierra lejana movidos por el anuncio de la llegada del Buda. En Buenos Aires, un hombre joven, que busca su lugar en el mundo, vive una intensa conmoción provocada por el reciente asesinato de su padre durante un intento de robo.
La prosa de Miguel Ortemberg se abre a deslumbrantes imágenes líricas, a través de referencias culturales en las que se revitalizan los mitos urbanos de Buenos Aires atravesados por la tradición oriental a la que pertenecen los viajeros. La novela atrae y deleita por la maestría en el despliegue de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, así como por su reflexión en torno del secreto de la identidad.
La reencarnación de Buda en Jonte y Lope de Vega se da a leer como una fábula contemporánea de una hondura conmovedora y de una elegíaca belleza. La novela se despliega como un vasto poema narrativo que aborda en esencia la problemática perturbación que provoca la inminencia de la otredad.
Roberto Ferro


 

 Collage - Eduardo Caro

Teresa y Maxi, junto al pequeño Juan, observan los elementos dispuestos en la mesa. Sobre un mantel blanco con flores rojas y mariposas multicolores, se distribuyeron platos, cubiertos y vasos para tres comensales. La familia se dispone a cenar; una sopera humeante, una fuente con milanesas y papas fritas, forman parte de una reparadora fuente de energía; por supuesto no falta el pan. Tal vez haya postre. Teresa y Maxi, junto al pequeño Juan, sonríen, se abrazan, se miran, se aman por sobre todas las cosas. Es un cuadro reconfortante, envidiable, una imagen parecida a las que ofrecen las propagandas consumistas de la televisión: se ven, pero no se puede acceder a ellas, resultan ajenas. Son las diez de la noche, hace frío, la familia ya terminó de cenar. Teresa y Maxi, junto al pequeño Juan, se alejan de la ventana por la cual estaban observando. Hay que volver al mundo real.
Ellos también cenaron, pero falta el postre. Tienen que seguir rompiendo bolsas de basura.


 

 Nadie se muere en la víspera - Diego Mauro

Diego Mauro instala estas vísperas en un territorio de suburbio en el que su narrativa respira con potencia y envuelve un puñado de personajes inolvidables a los que la vida ha abandonado a su aire. En la intemperie, sin embargo, ellos viven la inmensidad del instante glorioso y mezquino al mismo tiempo. El hoy parece ser lo único importante porque, para ellos, si el futuro existe, se manifiesta en cada movimiento del presente. Seres frágiles, son también resistentes y exploran el humor, el sarcasmo, la ironía y, aun en la sordidez, el disfrute. Entre el asombro y la ingenuidad, alguien, Palomo, los observa al filo de la desconfianza y el desencanto. Su mirada y su voz construyen la intensidad de esta historia que sugiere que la muerte es un equívoco, un error, o una burla.
Mauro se presenta con esta novela en el fecundo universo de la narrativa argentina, y es un excelente modo de empezar a transitar el camino.
Ángela Pradelli


 

 Catatonia - Ernesto Vallhonrat

Catatonia es una nueva apuesta por la literatura y la ficción, como una hipótesis sobre lo real que puede conducirnos a verdades y revelaciones que para otro tipo de texto son imposibles. ?Volvamos a la realidad, hablemos de poesía? decía Wilde. Las pretensiones de verdad son solo eso pero producen enfrentamientos y aburrimiento. Las hipótesis literarias son un estímulo divertido y enriquecedor, que nos llevan más allá de lo que hubiéramos pensado o sentido por nosotros mismos. En cada libro hay una voz amiga con la que conversar. En Catatonia nos encontramos con el extraordinario hecho de un hombre que decide detenerse, parar, inmovilizarse, frenar, paralizarse. A partir de ello gira una historia que se despliega como una espiral hacia múltiples interpretaciones. Leer sobre este evento extraordinario es entrar en un mundo extraño e inusual pero posible para cualquiera en cualquier momento. Es una magia que está al alcance de todos. Paremos, detengámonos un momento y tratemos de ver por qué Antuán Antúnez, protagonista de Catatonia, se quedó inmóvil por nueve meses en un andén de la estación Haedo.


 

 Fisura, el erotismo de un adolescente distinto - Jorge Nedich

Dale, sabés que no puedo estar peleado con vos, ni un solo bardo podemos hacer acá, lo sabés, ni siquiera puedo pipar como un amarillo, ni fumar un Ramón; pinta, pero la enfermera es una ortiva, no se puede, lo sabemos. Te juro que cuando nos peleamos y el silencio del encule se hace largo y no nos damos bola, froto en una bronca que despierta a todos mis yo. Entonces, pasa lo de siempre; el yo que está harto de vos quiere pirar; antes de irse, se pone las manos en la cintura y me mira compungido moviendo la cabeza de un lado al otro, negándote; cuando los cachetes deformados por el movimiento reiteradamente negador y el aire dejan de bambolearse, el tipo abre la boca y me dice: cómo pudiste fijarte en esa cosa que te lleva más de una década larga. Y veo que ese yo mío se quiere ir, y se va nomás. Y yo me quedo mirándolo, el tipo es feliz trotando mundo, se parece al ídolo que todos tenemos y alentamos; yo lo sigo como en el cine, no te imaginás; a veces, vive unas historias de galán que ni te digo, lo veo, veo cómo disfruta, es todo risa, te diría más, es mejor que una película; me despierta el tipo un poco de envidia al ver lo bien que le salen las cosas. En otros encules, por ejemplo, ese yo no se mete en el cine de las posibilidades, prefiere salir a caminar y jugarse a la caza, o a la pesca, salga lo que salga, siempre que salga algo...


 

 El Sucucho - Eduardo Masullo

¿Puede un sexagenario romper con su familia -con la convivencia de sus íntimos- para conservar, como único puente, solo aquello que en la vida más ama desde su infancia: los zapatos de sus semejantes?
El protagonista de esta historia decide abandonar su hogar y radicarse en un refugio, a dos cuadras de distancia. Allí, su existencia se reduce al amoroso arreglo de los zapatos del vecindario, a revisar sus recuerdos y a cavilar, ya que su cerebro es una incontenible máquina de construir pensamientos. Luchará por recuperar su autoestima y se pondrá de novio con la muerte, para tener a quien participar sus recuerdos.
Desde los más dolorosos -el descubrimiento de su esposa acostada, y tratando de incorporarse a un vecino que da saltitos encima de ella- hasta su feliz infancia de monaguillo en la iglesia San Antonio.
Con mano hábil y elegancia narrativa, Eduardo Masullo da por tierra con todo lo establecido en la jubilación, y asiste al mayor cambio de su vida. Humor y delicadeza en la obra de este autor, que convierte los hechos trágicos y las peripecias del protagonista y sus amigos en pasos de comedia, no exentos de sorpresas.


 

 Naturaleza y Ecosofía... - Ricardo Pablo Pobierzym

Es de celebrar que esta importante investigación de Ricardo Pobierzym se haya convertido en libro. Muy poco abordado, el tema de la correspondencia entre la filosofía de Heidegger y la ecología, tan auspiciosa para nuestro presente, encuentra una consistente justificación a lo largo de estas páginas. Pobierzym describe los ejes articuladores de un posible y fecundo diálogo entre la filosofía heideggeriana y la llamada ecología profunda.


 

 Islandia - Augusto Munaro

Se diría que es una paradoja, un dilema paradojal. Lo que me apresuro a escribir es síntesis de un pulso. De ningún, modo una recreación, sino mi visión de los hechos tal como brotan. ¡No soy poeta!..., pero las circunstancias me hacen querer serlo mientras perdure este tránsito. Era una campiña, o mejor aún, un campo bretón plagado de matas y arbustos verdes como peces parlanchines confabulando contra la última legislación pesquera. La absurda metáfora no es gratuita. Había un sentido ofensivo en la bizarra circunstancia, es decir, se avanzaba hacia adelante sin prejuicios temerosos. Caminaba acompañado por un vietnamita (decididamente, un hombre amarillo). De esos que se construyen en serie, que son idénticos y que, cuando hablan, no se les entiende nada. ¿Me conversaba?, creo que sí, aunque sus gestos ?absolutamente de cuño itálico? se asemejaban a la pantomima del Teatro Francés. Abría la boca y emitía ruidos zumbones, violetas, rojos y celestes. Burbujeaba esdrújulas plateadas. ¿Se me puede incriminar por desconocer la lengua de Ho Chi Minh?, ¿condenarme al patíbulo por no poder articular una serie serpenteante de significados emitidos a través de una lengua alimentada a base de arroz?


 

 Libro de las tierras frías - Alegret

Lo evidente: la luz de neón roja
que titila sobre la verde Olivetti
made in México.
Alguien habla en la radio
de la sangre derramada.
Evoco el cuerpo de un compañero
en el siglo de la festa y el pánico
criando cerdos en un rincón del viento.
Miro el lucero vespertino en un sueño de leng
y chima
Alguien habla de la sangre seca
en las escaleras de la catedral.
El cuerpo de mi compañero se desvaneció
en el aire de una porqueriza.
Lo evidente: ya no se consiguen cintas
para máquinas de escribir.


 

 Una muchacha predestinada - Osvaldo Gallone

La obra La niña muerta (2011, edición española), última novela publicada de Osvaldo Gallone, obtuvo el primer premio en el Premio de Novela Corta auspiciado por el Municipio de Alcobendas (Madrid, España), entre un total de quinientos cincuenta originales presentados. En la ocasión, el jurado manifestó en sus considerandos: "La novela La niña muerta funciona como un escalpelo de la sociedad, cuyos personajes componen un muestrario feroz y a la vez desencantado de los tiempos que corren. Su escritura es, además, un inequívoco aporte al idioma español."

Tales conceptos se pueden aplicar con idéntica propiedad a Una muchacha predestinada: una alegoría farsesca, brutal y precisa de un país, de una sociedad, de un mundo, sustentada en la seducción de una impecable escritura.

Alguna vez Gallone ha dicho: "La vida es terrible, el único modo de tolerarla es el humor, aunque se trate de un humor ejercido al pie del patíbulo."


 

 Poemas reunidos - Jorge Hugo De Vito

Todo lo que digo
asciende la explanada
va acumulando ojeras,
flores insolentes furias
se convoca arriba
para lloverse después,
meteoro utópico.
'Madera de poema' IV.

Quién pudiera agarrarte por la cola/magia fantasma niebla poesía/Acostarse contigo una vez sola /y después enterrar esa manía!/Quién pudiera agarrarte por la cola!
Gelman, Violín y otras cuestiones.

Hay palabras, miles de ellas. Algunas son esquivas, se escabullen y a veces, como afirman, se las lleva el viento. Esas palabras son intrascendentes, aquellas que de tan livianas al viento no le cuesta arrastrarlas por los aires y hacerlas desaparecer en la nada. Pero las palabras que Jorge De Vito ha hecho poesía en esta antología no son ligeras, no desaparecen con el viento, sino que empiezan a asentarse en el vasto terreno de una literatura distinta, despojada acaso de la pompa superficial del llamado 'canon'.


 

 Matices de la Ausencia - Miguel A. Curcio

La poesía toma por asalto al autor, este trabaja, viene pico y pala buscando la dorada veta, que no siempre aparece plena, a veces es una leve lámina, a veces se ausenta, a veces se hace presente de manera contundente. En otras poesías se ve solo el trabajo de alzar el brazo y clavar el pico y revolver en el lenguaje, dar con el verbo dorado, y adornar su voz poética con el tono ideal. El sudor del poeta que busca, transita todo el libro. En estos versos se nota el esfuerzo, las ganas de dar con la poesía, con el mundo, con la palabra justa.


 

 A 30 Minutos - Mirta Travers

Federico Argüello, inspector de policía, se retiró de la fuerza luego de perder a su amigo en una redada contra una banda de narcotraficantes. Desde ese día, comenzó a trabajar en forma privada, sacando fotos a esposas o maridos infieles. Lo acompaña en su nueva actividad un joven estudiante de criminología llamado Pablo. Una comunicación telefónica nocturna cambia su vida, en el momento en que estaba decidiendo si acabar o no con ella. La llamada procedía de un amigo que se había exiliado en la época de la última dictadura militar, y del que jamás había vuelto a tener noticias.

Repuesto de su sorpresa, acuerda con su viejo amigo en encontrarse en un pueblo llamado El Pozo, a treinta minutos de la ciudad de San Antonio de Areco, pero el amigo no acude a la cita. Ahí comienzan primero el desconcierto y luego la búsqueda. Transitando los límites de la legalidad, tal como era su costumbre, y en paralelo con su búsqueda, descubre algunos secretos que lo llevan a un pasado oscuro.

Con una escritura ágil y una mano hábil para el género policial, Mirta Travers le da vida a un personaje triste, solitario y desilusionado con el amor.


 

 Hotel Maracaibo - Graciela Batemarco

Qué le digo a uno. Qué le digo al otro. A cuál de los dos defiendo. Por cuál de los dos me inclino. A quién le soy fiel ¿Le tengo que decir a uno lo que hablo con el otro? ¿Cómo tengo que hacer para quererlos? Estas preguntas me torturaron a lo largo de toda la infancia.

Qué difícil fue ser hija de estos padres. Qué tortuoso. No sé si los quise. No sé si me quisieron.